sábado, 30 de mayo de 2009

Cambio de alcancía



En pleno desorden de casa, y con el colchón en el suelo, me di a la tarea de trastear también las monedas.

De un marrano plástico, a otro de barro. De uno que “misteriosamente” se desinflaba, a otro que hay que romper para sacarle las monedas.

Es un video que debería durar poco, pero que conscientemente deje largo, porque quiero que suene, que se vea la incomodidad, el contar, el meter. Que se vea segundo a segundo, que el ahorro es esperanza y a la vez desilusión.

Ir a Cuba no se hace con una alcancía, ni con dos, pero que voy a Cuba, voy.
Con estas monedas tal vez solo me alcance para ir a Campusparty 2009, o tal vez me lleve a conocer Armero, o Barranquilla. Tal vez, tal vez.

Todos los días sigo metiéndole las pocas monedas que me sobra, como esfuerzo y demostración a mi mismito que si se puede ahorrar.

martes, 26 de mayo de 2009

Paseando por el Barrio, por el parque



Y no nos quedamos con solo poner las primeras cosas en la nueva casa.
Nos fuimos a caminar. Subimos al Parque de Villa Hermosa. Un parque grande, con plazuela, con bancas, con ventas, con manga. Muy bueno. La iglesia rebonita.
El ambiente del barrio es genial. Gente que lleva viviendo muchos años en esta villa hermosa.

Jugamos 3 o 4 monedas, comimos algo, y nos devolvimos para la casa nueva, y luego para las casas de siempre.

domingo, 24 de mayo de 2009

Comienza el trasteo



Y otra vez la pasada en tres tiempos. Y en varios vehículos.

Primero lo más liviano. Después lo otro.

Cruzar la 68 mientras las luces de los carros te iluminan y te muestran con un Equipo de Sonido en las manos, te dicen definitivamente que ya te vas, que ya no sos de ahí.

¿Por donde nos vamos?

Para Villa Hermosa, al centro Oriente de Medellín, donde hay otros paisajes, otro ritmo de vida, pero la misma ciudad.


Música:
"Yo vivo en esta ciudad" Miguel Cantilo y Ruben Rada

domingo, 17 de mayo de 2009

La casa donde vivía



Dejaba un barrio, un ruido, un polvo, unas divisiones de una casa que ya me sabia de memoria.
Me iba porque me sentía robado en la casa que me debía darme confort y felicidad.

Nunca había mostrado el lugar de común de todos mis días.

En Castilla, en la esquina de la 96, encima de la Ferretería San Judas, ahí vivimos (algún día) nosotros.